miércoles, 19 de septiembre de 2012

Y Dios sigue entretejiendo la historia...



    Seguramente las elecciones de vida hacen que muchas veces los seres humanos que confluimos en un punto del camino e iniciamos juntos nuestra marcha, en un momento determinado nos separemos, y lo mejor que puede pasarnos es reencontrarnos en algún recodo del sendero con esas personas que marcaron nuestra historia de alguna manera… y eso fue lo que me pasó con la Hna Paulina.
  
    Cuando comencé a escribir este blog, el rostro de la Hna apareció en mis pensamientos y dediqué para ella unas sencillas pero sentidas palabras en Con sólo nombrarla…. A través del contacto con otras Hnas de la Congregación, pude comunicarme con ella y también enviarle ese escrito con la intención de hacerle saber de que, a pesar del tiempo y la distancia, seguía presente en mi recuerdo. Así comenzó una comunicación que hacía muchísimos años había interrumpido… Si me preguntara ¿por qué justo en este momento? podría responder sin temor a equivocarme, que seguramente porque Dios quería cruzarnos otra vez, pero en esta ocasión para brindarme la posibilidad de contribuir con mi testimonio y celebrar juntas la entrega de un premio que la Hna Paulina Fontana recibió el pasado 14 de septiembre en el Colegio del Salvador en Buenos Aires, nada más y nada menos que la Distinción “Divino Maestro” que otorga el Consejo Superior de Educación Católica.
    
   Esta Distinción “Divino Maestro” fue instituida por el Consudec,  organismo oficial de la Iglesia de carácter nacional que representa a la educación católica argentina organizada en Juntas Diocesanas, en el año 1977 y se ha concedido en forma ininterrumpida desde entonces. Se originó en la inquietud por destacar a sacerdotes-religiosos y religiosas, laicos y laicas, quienes en sus Diócesis y Provincias desarrollan o han desarrollado una labor apostólica-educativa en profundidad, viviendo su compromiso de fe en el mundo, considerando que su ánimo ha sido y es convocado por la meta de la madurez cristiana que es Cristo. Por ello son o han sido reconocidos por la Comunidad Educativa toda, como docentes que han comprometido su vida   con una preocupación capital: la formación de niños y adolescentes en establecimientos de gestión privada y/o estatal.
  
   Fue así que el viernes 14 de septiembre viví un acontecimiento especial, en el día de la Solemnidad de la Exaltación de la Cruz y en la trigésimo sexta edición del otorgamiento de esta Distinción, la Hna Paulina recibió la tradicional estatuilla que se entrega como reconocimiento a la tarea de hombres y mujeres que, durante toda la vida, han dedicado sus esfuerzos a la educación como docentes en todo el país y son reconocidos por generaciones de estudiantes como auténticos maestros. Fue propuesta para tal distinción por la Junta Diocesana de Educación Católica  de la Diócesis de Añatuya, Santiago del Estero, y junto con ella, setenta y nueve docentes más recibieron ese galardón
  
    La estatuilla que le entregaron sigue el tipo iconográfico de Jesucristo, “Maestro de Verdad” derivada de las estatuas del período grecorromano y fue elaborada artesanal y especialmente por las Hermanas de Clausura del Monasterio de Santa María en la Santísima Trinidad de Merlo, Provincia de San Luis. En esa estatuilla “el Maestro” lleva una túnica larga, en la mano izquierda sostiene los Evangelios y en la mano derecha ejecuta el gesto de la bendición.
   
    La Santa Misa de Acción de Gracias fue presidida por el Presidente de la Comisión Episcopal de Educación de la CEA, S.E.R. Mons. Héctor Aguer a partir de las 17.30 hs en la Iglesia del Salvador (Callao y Tucumán- Capital Federal) y concelebrada por Monseñor Carlos Malfa, Monseñor Martini, el P. Alberto Bustamante y sacerdotes provenientes de todas las Provincias de la Patria.

    El Acto Académico y Ceremonia de entrega de las distinciones comenzó a las 18.30 hs en el hermoso Salón de Actos del Colegio del Salvador y fue conducido por Héctor Garabal. El Presidente del Consudec, P., Alberto Bustamante dio la bienvenida a todos con emotivas palabras que invitaron a imitar a "estos hermanos que han seguido el ejemplo de Cristo Crucificado". Allí estaban presentes no sólo autoridades eclesiales, civiles y educativas sino también todos aquellos que tuvimos el privilegio de emocionarnos cuando el galardonado a quien acompañábamos, se acercaba a recibir el reconocimiento a su entrega generosa y profunda.




    Al ver a la Hna Paulina con sus 88 años, recibir la estatuilla de manos de la Responsable de la Provincia Argentino-Chilena de la Congregación Hna Silvia Tulissi, con la misma calma y la misma serenidad de siempre… en un instante se agolparon en mi mente muchos de los recuerdos atesorados durante los nueve años compartidos en el colegio. Estaba mirando a la misma Hna Paulina que con la firmeza de sus convicciones, mantuvo en pie al Instituto y unida a la comunidad durante esos difíciles años; y porque sabía que debía fortalecernos desde lo profundo, desde lo interno, de lo que va más allá de lo pedagógico, para que lográramos ser rocas firmes apuntalando sus cimientos, buscó denodadamente aunar todos los recursos de que podía disponer, tanto humanos como materiales, hasta lograr hacer carne en su personal el Espíritu Franciscano para que pudiese fructificar a través nuestro y así centrar toda la actividad del Instituto bajo ese Carisma.
   
    Estaba contemplando a esa Hna Paulina que propició de todas las formas posibles los inestimables espacios para los encuentros. Esos encuentros que hacen falta para que el proceso de enseñanza-aprendizaje sea genuino porque va más allá de una simple transmisión de conocimientos y habilidades. Esos encuentros que llevan a la comprensión porque hubo tiempo para el conocimiento mutuo. Esos encuentros que conllevan a alegrarnos juntos y disfrutar con los festejos porque  permiten estrechar los vínculos y crear los lazos. En definitiva, esos encuentros que facilitan la entrega porque estuvieron dados los momentos para decidir el compromiso personal con el proyecto.
   
    Estaba compartiendo la alegría de este premio con esa Hna Paulina que, junto con el apoyo de sus Directoras de Estudios y sus docentes, pensó estrategias para sus alumnos y trabajó para lograr incorporar  instrumentos que no estaban dentro de los planes de estudios pero que consideraba fundamentales implementarlos, algunos que les servirían para su crecimiento intelectual y para ayudarlos a cursar sus estudios más provechosamente y otros, en función de su crecimiento personal para que pudiesen desplegar sus alas fortalecidos por ese Carisma Franciscano de fe, amor y fraternidad, una vez que dejaran el amparo del colegio.
    
   A esa Hna Paulina que, desde que ingresó a la misma entregó su vida a la Congregación, que puso su trabajo a disposición de sus hermanos en cada lugar donde le tocó estar  y sus esfuerzos al cumplimiento de su misión… a esa Hna Paulina estaba mirando en el momento en que, con una amplia sonrisa, su humildad, su alegría y con la satisfacción del deber cumplido, estaba recibiendo ese merecido premio de las manos de la. Hna Silvia de quien había sido su Maestra de Novicias durante los dos años de su noviciado y con quien también había compartido siete años de trabajo en la misma comunidad de Tintina, "su casa" desde hace más de 20 años.


 
    Los caminos que se cruzan, las distancias que se acortan, las personas que se encuentran, los recuerdos que reviven, las alegrías que se comparten, una Distinción más que merecida… todo junto en un 14 de septiembre, un regalo de cumpleaños  anticipado… una caricia para el alma.

 


  Datos biográficos

 
    No quisiera cerrar este artículo sin mencionar, aunque sea muy sucintamente, las tareas desempeñadas por la  Hna Paulina y por las que, por su dedicación y entrega, hoy recibió este reconocimiento.
  La Hna Paulina nació en Villa Fontana, provincia de Entre Ríos, el 29 de Junio de 1924. Entró al Postulantado de la Congregación en 1942, en el Instituto Cristo Redentor; allí también realizó el Noviciado, los primeros votos en 1945 y los votos perpetuos el 16 de enero de 1948.
   En 1951 se recibió de Maestra Normal Nacional y en 1956 obtuvo el título de Profesora en Letras en Consudec.
  En su caminar docente fue Maestra y Profesora en el Instituto Niño Jesús de Paso de los Libres, Corrientes; Rectora y Profesora en el Instituto San José de Chajarí, Entre Ríos; Rectora y Profesora en el Instituto San Francisco de Asís de Alcorta, Santa Fe; Rectora y Catequista en el Instituto Cristo Redentor de Paraná, Entre Ríos; Profesora y Catequista en el Colegio Fray Mamerto Esquiú de Tintina, Santiago del Estero.
   Pero la docencia no se circunscribió sólo a los Colegios de la Congregación, también fue Encargada de Formación y Maestra de Novicias.
   Hace un tiempo, realicé un escrito que titulé Esas incansables itinerantes del servicio… y creo que la Hna Paulina es un fiel ejemplo de lo allí consignado.

                                                                                                                María Adela Pon


   Si te interesa conocer más  sobre la Hermanas de la Congregación te sugiero otros escritos del blog como Con sólo nombrarla..., Un comienzo... que se renueva, Esas inacansables itinerantes del servicio...,  Hay una palabra...


miércoles, 12 de septiembre de 2012

La oración que San Francisco... podría haber escrito



   Desde hace muchos años tengo en mis manos el libro “Instrumentos de tu paz”, Comentario a la Oración simple de San Francisco de Asís,  escrito por el  P.  Alejandro F. Díaz O.F.M. En su prólogo el autor consigna: “La Oración simple no salió de la pluma de San Francisco pero sí de su corazón, de su alma.
    Se publicó a fines del siglo XIX, en Francia. Apareció sin firma, como de autor anónimo, aunque probablemente extraída de las obras de San Juan de Capistrano. Muy pronto, sin embargo, el pueblo la atribuyó a San Francisco y así comenzó a divulgarse. Y, a decir verdad, en una hermosa síntesis de la espiritualidad del Pobrecillo de Asís  y una perfecta norma de visa cristiana.
   
   La revista “This Week” la hizo conocer en Nueva York y, en marzo de 1949, “Selecciones del Reader’s Digest” la presentó a sus lectores sudamericanos como el trozo literario que más calurosa acogida había hallado en el mundo.”
   
   Fr. Tomás Gálvez (+ 2008), fue un sacerdote que vivió su vida franciscana y ejerció su ministerio sacerdotal en distintas fraternidades de España, en el Sacro Convento de Asís y en la Curia General en Roma, donde era responsable de las publicaciones de lengua española. Escritor, investigador sobre la historia de la Orden en España e iniciador en 2002 de la web de S. Francisco y los Franciscanos (www.fratefrancesco.org). En una de sus publicaciones en ese sitio, “Señor, hazme instrumento de tu paz” – la oración “simple” que San Francisco nunca escribió- consigna: “Al lado del verdadero San Francisco está siempre la imagen que cada época se hace de él, con su parte de parcialidad, mitificación, leyendas y falsas atribuciones. Eso es válido también para hoy, no obstante los grandes avances conseguidos hacia un mejor conocimiento del personaje y de su tiempo. Un claro ejemplo de ello es la llamada "Oración Simple", digna del Pobrecillo, que todos le atribuyen a él, pero que es de un autor anónimo que vivió hace apenas un siglo.
  
   En la búsqueda de los orígenes de esta hermosa oración no se podido ir más allá del mes de diciembre de 1912, cuando fue publicada en "La Clochette" fundada por el sacerdote y periodista normando abbé Esiher Suquerel (+ 1923). Entre las hipótesis que se barajan hay quien supone que fuese él mismo el autor.
   
   En 1913 la descubre el canónigo Louis Boissey (+ 1932), apasionado por el problema de la paz, y en enero aparece publicada en los "Annales de Notre Dame de Paix" (Tinchebray, Francia), citando como origen La Clochette.
   
   A partir de 1925 empezó a difundirse en todo el mundo, a partir de Estados Unidos y Canadá. Les siguieron los países germánicos. En los medios católicos franceses no empezaron a atribuirla a San Francisco hasta el año 1947.
  
   En la segunda mitad del siglo XX la "Oración Simple", como la llamaban en Asís, empezó a hacerse popular, sobre todo, cuando los frailes del Sacro Convento la imprimieron en diversas lenguas, bajo su nombre, en las estampas de San Francisco.
   
  El secreto de un éxito tan grande se debe, sobre todo en la atribución a San Francisco, pero también a la riqueza del contenido, junto con su sencillez.

   Tenía razón, de todos modos, el P. Etienne de París cuando encontraba en esta oración anónima cierta concordancia con el espíritu y el estilo franciscano. Para comprobarlo es suficiente leer, por ejemplo, la Admonición 27 de San Francisco, escrita a modo de estribillo:

Donde hay amor y sabiduría, allí no hay temor ni ignorancia.
Donde hay paciencia y humildad, allí no hay ira ni turbación.
Donde hay pobreza con alegría, allí no hay ambición ni avaricia.
Donde hay quietud y meditación, allí no hay preocupación ni disipación.
Donde está el temor de Dios guardando la casa, allí el enemigo no puede encontrar la puerta de entrada.
Donde hay misericordia y discreción, allí no hay soberbia ni dureza.
  
   O, mejor aún, los siguientes "Dichos" del beato Gil de Asís, tercer compañero del Santo:

Dichoso el que ama y no desea, en cambio, ser amado.
Dichoso el que teme y no desea, en cambio, ser temido.
Dichoso el que sirve, y no desea ser servido.
Dichoso el que se comporta bien con los demás,
y no desea que los demás se comporten bien con él.
Pero estas cosas son grandes, y los necios no logran entenderlas.
    
   Esto es lo que hace que la oración sea considerada por muchos franciscana, y aunque sea un error atribuirla a San Francisco de Asís, seguramente a él no le hubiese importado firmarla.”
    
   Esta Oración estuvo presente en todos los acontecimientos  de nuestra vida como comunidad. Acompañó nuestro caminar a lo largo de todos los años en que desarrollamos nuestro trabajo y vocación con las Hnas Franciscanas de Gante.
   Y, a medida que fueron cayendo las hojas del almanaque de mi vida, fui aprendiendo que la paz interior es un don de Dios que hay que pedirlo, porque sin instaurarla en nuestra alma no se puede ser instrumento de ella y paradógicamente… esto sólo se consigue luchando para ir logrando hacer concordar nuestra voluntad con la voluntad de Dios.
 
Oración Simple


Señor, haz de mí un instrumento de tu paz.
Que allá donde hay odio, yo ponga el amor.
Que allá donde hay ofensa, yo ponga el perdón.
Que allá donde hay discordia, yo ponga la unión.
Que allá donde hay error, yo ponga la verdad.
Que allá donde hay duda, yo ponga la Fe.
Que allá donde desesperación, yo ponga la esperanza.
Que allá donde hay tinieblas, yo ponga la luz.
Que allá donde hay tristeza, yo ponga la alegría.
Oh Señor, que yo no busque tanto
ser consolado, como consolar,
ser comprendido, como comprender,
ser amado, como amar.
Porque es dándose como se recibe,
es olvidándose de sí mismo como uno se encuentra a sí mismo,
es perdonando, como se es perdonado,
es muriendo como se resucita a la vida eterna.

(Autor anónimo. Traducción del texto original francés).

   
  Seguramente no voy a encontrar una oración tan hermosa, que refleje tan sencilla y profundamente el espíritu franciscano y cuya lectura me llene de emoción, de recuerdos y de compromiso como ella. Tal vez por ello nunca la aprendí de memoria, aún hoy para rezarla necesito leerla. 


                                                                                                                María Adela Pon

 Si te interesa conocer otros escritos publicados en este blog referidos a San Francisco, su filosofía de vida y el espíritu franciscano, te sugiero Un Santo patrono muy especial..., La Tau...,   Las imágenes que se fueron gestando... desde 1979, La Cruz de San Damián,  Un tributo a la amistad..., Algo más que una pintura... una imagen... una estampa

sábado, 18 de agosto de 2012

Extrañándote...


   En el Instituto Cristo Redentor no sólo encontré el “lugar  para mi vocación” sino también un montón de compañeros de ruta con los mismos sueños; con algunos de esos compañeros estreché vínculos de amistad, y una de ellas fue Mabel Pereyra de Chiecher. Muchos años compartí el camino junto a ella y Ana María Luna de Ludueño, nuestros esposos e hijos se conocieron y nos reuníamos con frecuencia para seguir sosteniendo nuestra relación más allá de los muros del Instituto;  pero desde  un 14 de marzo de 2006 … Mabel ya no está con nosotras y en  memoria de nuestra amistad hace ya un tiempo escribí para ella este poema.


 Quisiera…

 
Buscando arropar el alma… encontré unas fotos
¡cuánto tiempo hace que no veo tu sonrisa,
no aferro tus manos, no escucho tu voz!.
Se pasan los días, los meses, los años
y  casi sin sentirlo, la vida se va…
se lleva con ella el desconsuelo de la despedida,
pero  deja un vacío  y la ilusión de un retorno
que aunque fuertemente anhelemos… nunca será.
Quisiera…  volver a sentarme  a tu lado,
tomar unos mates, poder conversar;
escuchar de tus andanzas por la cocina
y saborear lentamente tu turrón de quaker
que cuando nos reuníamos
con nuestros maridos te gustaba llevar.
Quisiera… poder hablarte sobe nuestras vidas,
de esos momentos que ya no compartimos,
y de las heridas que en nosotras se abrieron   
cuando hace ya un tiempo… nos dijiste adiós.
Para cerrarlas… atrapamos recuerdos
y rogamos confiadas a Dios en silencio
para que nos diera el consuelo de la aceptación.
Ana María ya tiene un nieto, y tal vez…
porque extrañaba esas obras en tu compañía,
cambió la pintura por la actuación.
Yo consigno en  papeles mi historia de vida,
sólo lo que aflora de mi azaroso existir;
anudo las letras, enlazo palabras,
escribo cuando las vivencias pugnan por salir.
Quisiera … contarte de nuestro colegio,
¡no te imaginás cuántos compañeros nuevos
siguen nuestras huellas sembrando y sembrando!
Muchos son el fruto de nuestro trabajo
y con ellos hemos compartido aulas y festejos.
¡Ojalá que  nuestros esfuerzos sustenten sus logros
y que hayamos conseguido prender en sus almas
el fuego de la entrega y los buenos consejos!.
Quisiera… decirte que  asiduamente leo
esas palabras escritas por vos y Ana María
y que al cumplir mis 50 años me hicieron llegar.
¡Cuántos deseos que quedaron truncos
allí los veo  impresos con tinta de lágrimas
que sólo el corazón de un amigo puede llorar!
Ellas son las me animan a contar mis vivencias,
a  expresar  la congoja, a añorar tu presencia,
pero también me impulsan a atesorar los recuerdos
para que me regalen la magia de poder soñar.
Así es que puedo fantasear que te veo
pintándote los labios sin mirarte al espejo,
y que contemplo esa forma tan personal
de arreglarte el pelo y de mover las manos
cuando entusiasmada contabas la Historia
o simplemente al reunirnos para conversar.
Y si te extraño mucho… hasta en el silencio
puedo imaginar que suavemente escucho…  
“Adelita”, como cariñosamente me solías llamar.
Quisiera… que no te hubieras ido
y que estuvieras acompañando nuestro caminar,
pero … Dios tenía otros planes
y un 14 de marzo… te vino a buscar.






Junio 2011                                                                                  María Adela Pon


   Si te interesa conocer más sobre esos compañeros, los que acompañaron mi caminar durante 30 años y con los cuales juntos construimos la comunidad del Instituto, te sugiero otros escritos del blog como Buscando raíces...,  Esos infatigables caminantes...,  Un recuerdo... un anhelo... y un adiós,  Con sólo nombrarla..., Un comienzo... que se renueva,  Y Dios sigue entretejiendo la historia...,  Cuando la nostalgia golpea la puerta... , Las imágenes que se fueron gestando... desde 1979,   30 años... en un poema,


 

domingo, 12 de agosto de 2012

Hace casi cuarenta años...


      … y en septiembre el colegio se sigue vistiendo de fiesta.
   
    No recuerdo exactamente al año, pero estimo que fue alrededor de 1974 porque me parece que ya no concurrían varones, cuando concebimos la idea de buscar un acontecimiento que nos uniera a los alumnos, docentes, personal administrativo, ordenanzas… desde otro lugar. Un evento para el disfrute, para reírnos juntos, para jugar, y así elegimos… un día de septiembre, precisamente para festejar el día del estudiante, celebración que en nuestro país es el 21 de septiembre  y, si bien coincide con el día de la primavera, la verdadera razón de la elección de esa fecha es que en ese día de 1888 llegaron a Buenos Aires los restos repatriados del prócer Domingo Faustino Sarmiento (15 de febrero de 1811- 11 de septiembre de 1888), quien durante su presidencia fue responsable de la construcción de más de 800 escuelas.
   
   No sé cómo ni cuándo lo decidimos… pero sí recuerdo cómo resultó. Cada turno lo festejó por separado y cada uno armó su acto sorpresa de acuerdo a las posibilidades y disponibilidad horaria de su personal para estar presente en el mismo. Del turno de la mañana no recuerdo la idea que dio origen al acto, pero en el turno de la tarde los docentes decidimos hacer en el patio un partido de pelota al cesto contra los alumnos, pero… disfrazados.
  
   Si bien muchos detalles del entorno se han borrado también de mi memoria, como por ejemplo si sólo concurrían mujeres por eso así lo redacto, lo que he grabado de ese día lo recuerdo con mucha nitidez. Los alumnos reunidos en el patio ignorando para qué, sólo veían los dos aros colocados  y… los docentes ausentes. De golpe aparecimos, cada uno luciendo el atuendo elegido y dispuestos a ganar el partido. Al vernos aparecer los chicos se quedaron mudos, no sabían exactamente qué era lo que estaba pasando… hasta que reaccionaron y las carcajadas resonaron en todo el colegio. Para mí había elegido vestirme como el personaje del Zorro: con la capa que me  había confeccionado una de las Hermanas especialmente para tal ocasión, el antifaz, la espada y… un caballito de madera.
  
   Después de hacer nuestra presentación acompañados por los aplausos y risas de todo el alumnado, los invitamos al desafío: un partido con la reglamentación que las mujeres habitualmente jugaban… partido que por supuesto ganamos porque el árbitro del partido, el único profesor varón del turno: Ramón Solari, algunas ayuditas nos dispensó para que así fuese… y tal vez también porque nuestros alumnos seguramente no se animaron a jugar muy rudo por miedo a  lesionarnos.
   
   Y así comenzó la historia, de un acontecimiento que fue creciendo lentamente…y que ya lleva casi 40 años.
  
    A partir de ese primer festejo, comenzamos a redoblar la apuesta, y lo que sólo comenzó con un simple partido de pelota al cesto se fue transformando poco a poco en verdaderas obras de teatro, donde la imaginación y la creatividad hacían de los acontecimientos cotidianos ingeniosas representaciones humorísticas en las que realidad y fantasía se mezclaban. Los alumnos cada vez esperaban más ansiosamente ese festejo porque sabían que las chanzas y las cargadas iban a estar a la orden del día y que seguro dejaríamos al descubierto esos amores que muy pocos conocían pero que, tras un arduo trabajo de investigación por parte nuestra, seguro saldrían a la luz. Pero también sabían que confiadamente podían compartir esos momentos, porque dentro de ese marco de picardía, siempre iba a estar el respeto,  el cariño de sus docentes y la sana intención de reírnos juntos en un espacio para disfrutar.
  
    En los días anteriores a la fiesta, el acceso a la sala de profesores estaba estrictamente prohibido para los alumnos, pero todos estaban atentos cada vez que se habría esa puerta en los recreos, para ver si podían pispear algo de lo que allí se estaba tramando. Todos sabían que esa era “el lugar” donde se armaban los libretos, donde se decidían los atuendos… donde se cocinaba el show.
  
    Los temas más variados daban el sustento para el nacimiento de la idea, desde la película del momento, una actividad realizada con anterioridad, los cuentos infantiles, un conjunto de música de moda… hasta el imaginario de una escena de la prehistoria, o de un fogón gauchesco, o de un espectáculo circense o de una obra de  Shakespeare.  
  
   ¡Cómo disfrutábamos en esos momentos de preparación del festejo! Las carcajadas eran moneda corriente en la sala de profesores durante esos días previos. Nada se dejaba de tener en cuenta para el evento y cada uno se hacía cargo de aquello para lo cual tenía más conocimiento, disponibilidad horaria, más facilidad o habilidad para realizar: la escenografía, el arreglo del salón, la música, las luces, el telón, la conducción… y  los libretos.  Todo estaba bien hasta que… había que aprendérselos…y ahí es donde estaba el escollo más grande, pero teníamos el recurso ideal para cuando fallaba nuestra memoria, el que manejábamos y conocíamos a la perfección, nuestro mejor aliado…el arte de la improvisación.
  
   Y así salíamos al ruedo, con muchos nervios y ansiedad como si fuese la clase más difícil que teníamos que dictar, nervios que rápidamente se transformaban en regocijo y alegría cuando las primeras carcajadas comenzaban a resonar en el salón de actos.
   
   Lamentablemente no conservo ninguno de los libretos, ni fotos de esas fiestas, pero si cierro los ojos sé que muchos de esos festejos quedaron grabados en mi retina porque los veo como si  estuviese viviendo el momento y, al recordarlos, todavía siento que me envuelven la tibieza de esos aplausos y ese ¡gracias profesora! que escuchaba en todos los cursos al día siguiente, me sigue llenando de gozo y dibujando en mi rostro una sonrisa.
   
  Hace casi cuarenta años y alumnos, docentes, ordenanzas, personal administrativo, autoridades, preceptores… no dejamos de hablar ni de recordar, tanto los que nos fuimos como los que están, del festejo del día del estudiante. Él lleva el sello inequívoco del Instituto,  y se mantiene a pesar del tiempo transcurrido, los recambios del personal, las características de los adolescentes, los modos de relacionarse entre los miembros de la comunidad educativa, las distintas formas de comunicación por los avances tecnológicos… porque conserva el espíritu de su nacimiento: ser un espacio para jugar, divertirse y disfrutar con el otro, un espacio de conocimiento y encuentro para estrechar los vínculos y crear los lazos fraternos más allá del ámbito del aula.
  
    ¿Cuál es el secreto de su permanencia? Tal vez no haya ningún secreto… simplemente haber puesto para realizar cada uno de los festejos, el mismo empeño, la misma dedicación y los mismos esfuerzos que poníamos para estar dentro del aula, porque aunque estábamos compartiendo desde otro ángulo, teníamos bien en claro que era nada más que una faceta distinta pero complementaria de un mismo proceso, de un mismo proyecto, de un mismo sueño, de una misma vocación.

                                                                                        
                                                                                           María Adela Pon

 Si te interesa conocer más sobre "esos momentos" tan especiales que marcaron nuestro transitar por el Instituto, te sugiero otros escritos del blog como Y... se vino la respuesta,  Hace casi cuarenta años..., Un recuerdo... un anhelo... y un adiós,  30 años en un poema

sábado, 4 de agosto de 2012

En el papel... también tiene su historia


   Nunca me voy a olvidar del momento en que el logo del Colegio nació para el papel.
   
   Fue una tarde a comienzos del 2000; habíamos empezado el ciclo lectivo estrenando uniforme nuevo y en una sus prendas, una remera blanca,  brillaba ese logo a la altura del corazón.

  Estábamos en Vice Rectoría con Silvia Aranguren, profesora de Computación,  y se nos ocurrió que estaría bueno escanearlo para poder transformarlo definitivamente en el símbolo identificatorio del Instituto, para que estuviese presente no sólo en el uniforme de sus alumnos, sino también para que pudiera ser exhibido en toda la documentación  del mismo que se expidiera tanto interna como confeccionada hacia terceros.
    
     Y así nació. A partir de ese día nunca dejé de ponerlo orgullosamente en todos los proyectos que surgieron guiados por mi mano, mi dirección y el esfuerzo de todos los docentes que compartieron conmigo la inmensa alegría y también la enorme responsabilidad de armar. Sin saberlo, me guiaba inconscientemente la intención de dejarlo acompañando  a mi segundo hijo,  al que vi plasmado en el papel pero que  no pude ver crecer ya que comenzó a implementarse en marzo de 2001 cuando yo ya no estaba.   Y es por eso seguramente que la emoción me embargó cuando lo ví en el encabezamiento de cada una de las hojas del Proyecto Educativo para Nivel Polimodal con Orientación en Economía y Gestión de las Organizaciones, el hijo que creció protegido y cuidado por las manos generosas de todos aquellos que trabajaron arduamente para ponerlo en práctica, y que tuvo como destino la formación de los alumnos de nueve promociones (2003- 2011) ya que ahora tampoco sigue como oferta educativa del Establecimiento porque desde el 2009 una nueva reforma en los planes de estudios se puso en marcha y a fines de este año precisamente, egresarán las primeras promociones de la Escuela Secundaria en sus cuatro orientaciones.
      
    Al año siguiente cuando mi voz ya no se escuchaba en los pasillos ni en las aulas del Instituto, más precisamente en el mes de septiembre y con motivo del día del profesor, una carta llegó a mi casa y al ver el sobre mi corazón comenzó a latir con más fuerza, sabía de dónde venía con sólo mirar el ángulo superior izquierdo; allí estaba como diciendo estoy todavía presente, soy el sello inconfundible de tu querido colegio. Ese sobre contenía una invitación para asistir a la fiesta del reencuentro con los compañeros, en la cual recibiría la Tau, el otro signo identificatorio de la pertenencia a la comunidad del nivel secundario y que todos los jubilados nos  llevamos orgullosos una vez que decimos adiós.
   
    Ojalá  pueda seguir viendo ese logo… porque esa tarde en Vice Rectoría su nacimiento fue pensado imaginándolo impreso en el papel mientras que en el corazón del Instituto Cristo Redentor siga encendida la lámpara de la fe y el amor,  la misma que  animaron a las Hermanas a trabajar por la educación de los jóvenes desde su creación.






                                                                                                María Adela Pon